Saltar al contenido

Melquíades, el vendedor de artilugios de ‘Cien años de soledad’

13/07/2021
melquíades Cien años de soledad

Melquíades es uno de los personajes más increíbles de ‘Cien años de soledad’ de Gabriel García Márquez, la novela en español más influyente del siglo XX.

Melquíades es un gitano que cada año en el mes de Marzo visita Macondo con nuevos inventos científicos de otros lugares que no pasan desapercibidos para José Arcadio Buendía, que no duda en desprenderse de los ahorros de la familia para adquirirlos y poder hacerse rico. Algunos fueron: el imán, el catalejo, la lupa, la dentadura, el laboratorio de alquimia o el hielo.

El personaje de Melquíades es quien muestra la muerte y el esoterismo en esta novela de Gabriel García Márquez. Es una persona inteligente, aventurera y de gran corazón, sin la picaresca característica de la etnia gitana. Viste con chaleco con una aparente pátina verde y negro sombrero de ala, muy típico de los patriarcas gitanos. Físicamente con manos de gorrión y barba montaraz, ha perdido los dientes por las diferentes enfermedades que ha ido contrayendo en los diferentes lugares que ha ido visitando, aunque en uno de sus regresos a Macondo vuelve con una dentadura postiza. No sabemos su edad pero sí que era más joven que José arcadio Buendía, ya que cuando se encuentra sin dientes su apariencia es de ser mayor, casi como él.

El nomadismo que caracteriza a este personaje le ha hecho adquirir una gran sabiduría a lo largo de sus diferentes viajes, conocer “el otro lado de las cosas” y llevar la nueva ciencia a Macondo en cada uno de sus regresos. En uno de esos regresos se queda allí y escribe unos pergaminos.

Melquíades visita Macondo todos los años en marzo para vender sus extraños artilugios

Gracias a algunos de los artilugios traídos por Melquíades, José Arcadio Buendía afirma que la tierra era redonda y su estupefacta mujer, Úrsula Iguarán, que ya está cansada de sus inversiones en las diferentes empresas que realiza cada vez que aparece un nuevo instrumento y que lo llevan hasta la locura: lupas, instrumentos de navegación, mapas portugueses, un catalejo, una máquina fotográfica, alfombras voladoras, bolas de cristal para el dolor de cabeza, etc. Cada novedoso instrumento era una nueva empresa para José Arcadio Buendía. Macondo era un pueblo carente de innovaciones científicas. Pero todas estas modernidades para Macondo juega un rol importante en la historia ya que ocasiona desgracias a la familia Buendía, ya que de una forma u otra, estas desgracias están ligadas a la modernidad. Pero en el empeño de José Arcadio Buendía de llevar a Macondo hacia la modernidad acababa con fatídicas consecuencias para todos.

Una de las cualidades destacables de Melquíades era el conocimiento de lo oculto, que junto a la amistad que entabla con José Arcadio Buendía, fundador de Macondo, le hacen un importante personaje en esta novela. Será el profeta de la familia, y escribe el devenir de la historia de la familia en unos pergaminos en sánscrito, idioma que los ciudadanos de Macondo no sabían descifrar, sabe leer el futuro y se considera un representante de Nostradamus, representando la parte mágica de la obra. Como conocedor de los siete metales planetarios y sus propiedades, regala un laboratorio de alquimia a José Arcadio Buendía con el que intentará fabricar la piedra filosofal.

melquíades Cien años de soledad
Melquíades y sus artilugios que vende en Macondo

Melquíades también es poseedor del conocimiento, desde el lenguaje de la naturaleza al de la condición humana y gracias a su portentosa memoria consigue mágicas pócimas que logran recuperar los recuerdos de los habitantes de Macondo durante la plaga del insomnio.

Úrsula Iguarán, la matriarca, pregunta a Melquíades datos sobre el demonio, sospechosa de un posible pacto entre ambos e incluso sospechando que pudiera ser él mismo desde el extraño hedor que notó cuando se rompió un frasco del laboratorio de alquimia. Esto es toda una contradicción entre la alquimia (la ciencia, el demonio) y la cultura (la tradición, la religión).

Gabriel García Márquez nos quiere dar a entender que Melquíades es quién relata la historia en forma de narrador

Sobre la magia y la muerte también se vive en la novela. Melquíades ha sobrevivido a diferentes enfermedades y catástrofes, jactándose de esquivar a la muerte que le persigue. Un grupo de gitanos ajenos a él llega a Macondo informan de que Melquíades ha fallecido en Asia y que su cuerpo fue arrojado al mar, pero Melquíades volvió a Macondo y su personaje se vuelve trascendental al afirmar que había estado con la muerte pero que había regresado. En ese momento la peste del insomnio estaba enfermando a los habitantes de Macondo y Melquíades crea una pócima que logra curar a todos y les presenta el invento del daguerrotipo con el que realizaba fotografías a la familia Buendía, que finalmente lo invitan a quedarse a vivir allí. Es entonces cuando escribe los pergaminos que he mencionado antes, donde quedaría escrito el destino de la familia Buendía, pero no podrán leerse hasta pasados cien años. Pero como el destino es imprevisible, Melquíades, tras un apresurado envejecimiento con el que irá perdiendo facultades, va escribiendo su final hasta convertirse en la primera persona en fallecer en Macondo e indica que tras su muerte quemen mercurio, símbolo de inmortalidad, en su cuarto durante tres días.

La clave de los pergaminos la encontraremos en la sexta generación de los Buendía con Aureliano Babilonia, que al leer los escritos se percata de que Melquíades es un fantasma que continúa presente en Macondo. Aureliano Babilonia había sido criado por su abuela y ocultado del resto del mundo. Creció conociendo paulatinamente toda la historia de la familia mientras el resto vienen y van. Poco a poco fue descifrando los pergaminos que había escrito Melquíades. También se enamora de Amaranta Úrsula con la que tuvo un hijo llamado Aureliano (aunque Amaranta Úrsula quería que se llamara Rodrigo), esta vez sí con cola de cerdo, protagonistas de una verdadera historia de amor. Cuando fallece su amada Amaranta, Aureliano Babilonia sale del pueblo y a su vuelta encuentra a su hijo que está siendo devorado por “todas las hormigas del mundo” y en ese momento recuerda que los en los pergaminos manuscritos indicaba que a la última persona de la familia lo están comiendo las hormigas, dándose cuenta de que el destino de la familia Buendía está ahí en ellos. Aureliano Babilonia comienza a descifrar los pergaminos y a leerlos en voz alta y Macondo comienza a ser devastada por el viento. Cuando acabe de leer la última parte Macondo desaparece de la tierra, como se relataba en los pergaminos. Aureliano a pesar de ser el único miembro de la familia nacido del amor estaba condenado a fallecer, ya que la familia estaba predestinada a una condena de cien años de soledad, y las estirpes que habían sido condenadas no optaban a tener una segunda vida en la tierra. La profecía indicaba que jamás saldrían del Macondo y que el pueblo sería arrasado por el viento y a su vez olvidado por la humanidad.

Gabriel García Márquez nos quiere dar a entender que Melquíades es quién relata la historia en forma de narrador omnipresente, que nos va relatando y mostrando los hechos y el destino de Macondo y de todos los personajes que han formado parte de esta serie de acontecimientos previamente escritos, destinados a conformar las profecías.

Podríamos relacionar a Melquíades con los libros sagrados de religiones monoteístas, como la Biblia y sus profetas.

En este artículo también ha colaborado nuestra autora Isabel G. Sanjuan