La Toma de la Bastilla, el símbolo de la Revolución Francesa

Fue el momento clave en la revolución del pueblo parisino contra la monarquía absolutista. La celebración del día de la toma de la Bastilla es el día más importante de Francia

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la toma de la bastilla

Seguro que cuando pensáis en la Revolución Francesa enseguida os viene a la cabeza la toma de la Bastilla, son dos acontecimientos que casi van unidos. De hecho es tan importante su fecha que Francia celebra su Día Nacional el 14 de julio.

El símbolo de la revolución

La toma de la Bastilla no deja de ser el símbolo de la revolución, algo que por otra parte hacen todas las revoluciones, buscar un hito que sea su referencia. Pero en el caso de la Bastilla no fue premeditado, ya que no decidieron tomar la plaza por ser un edificio del despótico rey y lugar donde se encarcelaba a los disidentes, sino por lo que contenían sus muros.

toma de la bastilla

La Bastilla era una fortaleza real que pertenecía a la decrépita monarquía que regía Francia desde siglos atrás y cuyos muros en aquellos tiempos eran vistos como símbolo del despotismo de la monarquía absolutista, y más cuando en ella se encarcelaba a los disidentes políticos o religiosos, a los que hacían mucho ruido contra el poder o simplemente molestaban al rey. Pero tampoco olvidemos que había muy pocos presos cuando los revolucionarios rompieron las puertas… ¡apenas siete!

“¿Es una revuelta?… no Sire, es una revolución”
14 de julio de 1789

Si hubo una razón principal para la toma la Bastilla por parte del pueblo parisino, fue sobre todo porque había pólvora dentro de sus muros, necesarios para cargar las armas de las que se habían aprovisionado y no porque fuera un edificio del rey ni fuera un símbolo tiránico, lo que buscaban era armarse y para ello necesitaban munición.

Antecedentes

En mayo de 1789, el rey Luis XVI es obligado a convocar los Estados Generales (que no se celebraban desde 1614) para intentar solucionar la crisis de la Hacienda Pública que existía en Francia y que había desembocado en bancarrota. Varios años de malas cosechas provocaron una crisis de subsistencia, el pueblo pasaba hambre y el precio de los alimentos básicos como el pan se dispararon. Además el enorme gasto de la corte y sobre todo la ayuda a la independencia de las trece colonias, habían dejado la caja vacía.

Los reyes de Francia, María Antonieta y Luis XVI
María Antonieta y Luis XVI

Algunos ministros, como Calonne, habían recomendado al monarca que la solución pasaba por que los nobles y el clero pagaran impuestos. No olvidemos que en aquellos tiempos los que soportaban las cargas fiscales era el pueblo llano. Como era de esperar estos se negaron en la llamada Revuelta de los Notables. Tras esto al monarca sólo pudo convocar la Asamblea para el 4 de mayo de 1789. Se reunieron unos 1200 asambleístas.

Los intentos de imposición de los nobles y del clero en cuanto a la forma de votación, que trataban de aislar al tercer estado, provocó que abandonaran la reunión para formar una asamblea aparte en el Juego de Pelota. Así se inició la Asamblea Nacional que en julio pasaría a llamarse la Asamblea Nacional Constituyente y sería la encargada de elaborar una Constitución.

Charles Alexandre de Calonne y Jacques Necker
Los ministros Charles Alexandre de Calonne (izq.) y Jacques Necker (dcha.)

Julio de 1789, todo se acelera

A primeros de julio, el rey llamó a un gran contingente de tropas que rodeó París. Evidentemente la idea del monarca encendió aún más a un pueblo parisino que gastaba todo lo que ganaba trabajando en la compra de pan. El caldo de cultivo estaba creado, sólo faltaba la chispa y esta llegó en forma de ministro. El 11 de julio el ministro de finanzas Jacques Necker era destituido de su cargo. Curiosamente tenía la simpatía del pueblo, no así de la reina María Antonieta, odiada por el pueblo y a la que culparon de su cese. Pero los parisinos le tenían en alta estima, pues pensaban que él instauraría las reformas que necesitaba el país y su cese cayó como una ofensa y un lastre al futuro. Curiosamente, el ministro Calonne era odiado por el pueblo e incluso por el rey, y fue, probablemente, un reformista más importante que Necker.

¡Pan y armas!
Gritaban los parisinos

Así el día 12 el pueblo se echó a la calle, organizando una especie de procesión, vestidos de negro y paseando el busto de Necker como si de una virgen de Semana Santa se tratara. Ese día se produjeron los primeros enfrentamientos entre el pueblo y el ejército real cerca de las Tullerías, y comenzó a oírse ¡pan y armas! Nada bueno le esperaba al rey que se negó a apartar las tropas de París como le reclamaron.

hotel de los invalidos
Hotel de los Inválidos de París

14 de julio, los rumores y la Bastilla

El martes 14 todo se desencadenó. El pueblo ya había arrasado las armerías y cualquier lugar que donde hubiera armas. Y comenzaron los rumores… Primero que en el hotel de Los Inválidos (o simplemente Los Inválidos) había una enorme contingente de fusiles. A primera hora de la mañana, entre 40.000 y 50.000 parisinos, una milicia que habían formado días atrás, se dirigió al lugar y logró acceder sin que la guardia le hiciera frente. De hecho algunos soldados se unieron a la turba. Allí encontraron su maná, nada menos que unos 50.000 mosquetes y 12 cañones. Pero había escasa munición y llegó el segundo rumor de la mañana: ¡En la Bastilla almacenan muchos barriles de pólvora! Y se dirigieron a la fortaleza convertida en prisión… Se iniciaba la toma de la Bastilla. En este caso el gobernador se negó a entregarla por lo que el asedio duro todo el día. Usaron los cañones pero los muros del presidio eran robustos. El gobernador no recibió ninguna orden de Versalles y trató de mantener la plaza con poca fortuna y menos ideas. Finalmente, a las 5 de la tarde no tuvo más remedio que entregarla. Los milicianos accedieron a su interior y tomaron las municiones que necesitaban. El gobernador fue asesinado y su cabeza paseada en una pica por París, junto a la de otros dirigentes de la capital.

Así se forjó la leyenda de la toma de la Bastilla, ensalzada por los revolucionarios como el fin de la monarquía absoluta y del Antiguo Régimen. Comenzaba una era nueva y para ello había que destruir la fortaleza. Dos días después se aprobó su demolición y un millar de obreros trabajaron en ello durante meses hasta que el 6 de febrero de 1790 ya no quedaba ni una piedra. Estas fueron usadas para construir el puente de La Concordia sobre el río Sena.

La fortaleza de la Bastilla

La Bastilla era un magnífico fortín construido XIV por Carlos V y cuya misión era para defender París. Estamos hablando de la época de la Guerra de los 100 años. Sin embargo en el siglo XVI, Richelieu la transformó en cárcel donde iban a parar los disidentes y aquellos que molestaban al régimen. Algunos de ellos fueron gente notable y se cuenta que disfrutaban de lujos acordes con su posición, criados incluidos. Pero en general cogió muy mala fama en París por la brutalidad de los relatos que contaban los que habían sufrido sus torturas, haciendo que se asociara al régimen de terror del absolutismo y tras la toma de la Bastilla fuera necesario hacerla desaparecer.

la bastilla
Fortaleza de la Bastilla

Era una fortaleza formada por 8 torres (cada una con un nombre y curiosamente una se llamaba Libertad) y una muralla de 30 metros de altura. Lo rodeaba un foso y dos puentes levadizos. Estaba muy bien construida y era prácticamente invulnerable. En su tiempo fue un ejemplo de construcción defensiva.

El estorbo de París

Nadie quería la Bastilla, ni siquiera el rey que ya se había planteado su derribo pues estorbaba el desarrollo urbanístico de la ciudad. De hecho cuando accedieron los revolucionarios se sorprendieron que solo albergara a siete presos. Sin embargo tras su demolición, no se pusieron de acuerdo en qué ubicar en el lugar y el solar se mantuvo vacío durante muchos años. Hubo algunas ideas como Napoleón, que pensó en poner un monumento en forma de elefante para conmemorar sus conquistas en Oriente. Sin embargo no se realizó nada hasta 1840 cuando, por fin, decidieron la construcción de la Columna de Julio en la plaza de la Bastilla que conmemoraba la revolución… pero no la de 1789, sino la de 1830. Esta revolución bajó del trono al último Borbón tras la restauración e inició una nueva y breve etapa con la dinastía de los Orleans.

columna julio plaza bastilla
Columna de Julio en la plaza de la Bastilla

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