Madrid en el siglo XVII

Fue un siglo de esplendor para ciudad como símbolo de los Austrias y capital de su imperio

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Madrid en el Siglo XVII

Si bien la grandeza de la Monarquía Hispánica se aprecia en todos los espacios públicos, el urbanismo y los palacios van a ser simplemente otro reflejo más. El siglo XVII constituye, en lo que a Madrid se refiere, un periodo de esplendor basado en su crecimiento como capital de Castilla, siendo así, eje fundamental de la monarquía.

Uno de los documentos más valiosos para conocer el crecimiento de la ciudad va a ser el plano de Teixeira, el cual fue elaborado a mediados del siglo XVII, en el se nos muestra la totalidad de las calles y el cómo estas conectan el Alcázar con el nuevo palacio de Felipe IV. Además, estas también conectaban con la plaza mayor, que se va a empezar a construir en 1617.

Plano de Madrid 1646
Plano de Madrid en 1646 por Teixeira

Los edificios más emblemáticos van a ser ampliados. El Alcázar, por ejemplo, va a sufrir una ampliación en 1606 para crear una serie de aposentos para la reina.

Las dos arterias principales que van a conectar la ciudad con el palacio van a ser la calle de Alcalá y la actual Plaza de las Cortes, también tenemos el Paseo del Prado en torno al conjunto palaciego. La anchura de estas calles está relacionada con la llegada del rey a su residencia, puesto que este pretende ser visto por sus súbditos. Por otra parte, los desfiles militares van a ser importantes como muestra del poder que ejerce la monarquía en todos sus territorios, para estos actos, no hay mejores calles que estas.

Estas calles también van a ser utilizadas por los monarcas con la intención de desplazarse a las obras del nuevo palacio, es por ello por lo que cobran tanta importancia. El crecimiento de la ciudad tiene nombres y apellidos, el primero de ellos va a ser Juan Gómez de Mora, quien fue arquitecto de la villa desde 1611 hasta su muerte, en torno a la mitad de esta centuria.

En palabras de John Elliot, todo rey necesita uno o varios grandes palacios, si en el caso de Felipe II, el más representativo fue El Escorial, en el caso de Felipe IV sería el Palacio del Buen Retiro.

palacio del buen retiro de Madrid
Palacio del Buen Retiro (Jusepe Leonardo, 1637)

El área de lo que hoy es el Parque del Retiro se elige debido a que está cerca del Alcázar de Madrid, lugar en el que Felipe IV se aposentaba antes de la construcción del mismo y lugar que tras su marcha quedaría reservado a alojar a sus visitas. La lógica de este palacio responde a la idea de tener un espacio propio tanto para la residencia como para el recreo del monarca.

Este siglo en lo que a la historia de Madrid se refiere va a estar ligado a la construcción de este palacio, que va a llegar a ser en 1640 casi la mitad de la ciudad en dimensión, por tanto, no debe ser solo entendido como un espacio cortesano, sino que, en cierto sentido, pasa a ser también una parte urbanística muy importante de la ciudad.

Madrid va a ser una ciudad para la corte, a la hora de construir el palacio se va a aprovechar la disposición de la ciudad con la intención de orientarla al palacio, pretenden que este sea el eje principal de la vida madrileña.

La construcción del palacio se va a llevar a cabo progresivamente, esto se debe a que las finanzas del reino van a llevar a la monarquía y a Castilla a una situación muy complicada desde un punto de vista económico, sobre todo durante la década de 1640.

La mayor diferencia entre la construcción del Escorial y el Palacio del Buen Retiro fue, sin duda, el tiempo en el que se construyó, el primero se edificó en una época de bonanza económica, con un plan claro puesto a que estaba en una zona apartada, frente al segundo proyecto que se edificó junto a la ciudad, con diferentes dificultades debido a la expansión urbanística de la misma.

Pese a que el palacio es el edificio principal, hay otros necesarios para el mantenimiento de este. La mayor parte del terreno no va a estar destinado a edificios, sino a jardines y zonas de recreo. La influencia italiana va a estar muy presente en los jardines, en ellos podemos encontrar una gran cantidad de esculturas que van a demostrar la grandeza a todos aquellos diplomáticos o gentilhombres que tengan misiones de o para el rey.

Frente a la influencia itálica, van a ser las ermitas el elemento más puramente hispánico, en 1626 se van a construir trece ermitas, que van a ser destinadas tanto para eventos religiosos como para profanos. Otro edificio interesante va a ser el teatro que se va a construir al aire libre.

La arquitectura del palacio va a tender a la sencillez, no teniendo fachada. El interior, sin embargo, va a estar dispuesto como si de un palacio italiano se tratara. Las estancias privadas se mantuvieron cerca del monasterio de San Jerónimo, que pasó a utilizarse como capilla. El interior de las salas va a tener influencia italiana, aunque también francesa, aunque Felipe IV va a elegir el lugar en el que se situará su palacio, va a ser el conde duque de Olivares quien va a llevar parte de las tareas de supervisión.

La disposición de las estancias va a guardar relación con la influencia en la corte y con la religiosidad del monarca. Respecto a la primera cuestión, tenemos que destacar que los cortesanos mas influyentes van a estar en las salas más cercanas al rey o van a desempeñar cargos en los que tengan que dialogar directamente con el rey en su ámbito privado. La religiosidad va a ser importante puesto que ya desde Felipe II vemos como en los palacios, las salas más privadas del rey van a estar próximas a algún espacio religioso, frecuentemente de capillas.

El arte va a estar dispuesto de manera que se ensalcen los logros de la monarquía, durante este siglo tendremos aportaciones como las de Velázquez, siendo buenos ejemplos sus retratos a Felipe IV o al conde duque de Olivares, además de diversas obras que hacen referencia a las victorias militares en los Países Bajos, siendo el mejor ejemplo La Rendición de Breda.

Los palacios, por tanto, van a ser espacios destinados a la política, aunque también van a tener espacios destinados a la vida privada de la corte o espacios religiosos, aunque estos dos últimos aspectos están muy ligados. Los espacios donde mejor se aprecia esta división van a ser los que están dentro del palacio, debido a la división de las salas.

Las dimensiones del palacio se deben a la gran cantidad de actividades que practicaba la familia real, entre ellas tenemos la caza, le equitación o los paseos por los grandes jardines, entre otras actividades tenemos el teatro o los toros.

Bibliografía:
  • Brown, Jonathan, John H. Elliott, Vicente Lleó, and María Luisa Balseiro. Un Palacio Para El Rey El Buen Retiro Y La Corte De Felipe IV. 1ª ed. (Barcelona): Taurus, 2016. Print.
  • Museo Del Prado. El Palacio Del Buen Retiro Y El Nuevo Museo Del Prado Madrid, 2000. Madrid: [Museo Del Prado], 2000. Print.

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