Las Vistas de Bayona, la embajada entre Isabel de Valois y su madre Catalina de Médici

La regente de Francia trataba de atraerse a los españoles sin comprometer su posición frente a los hugonotes

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vista de bayona catalina de medicis e isabel de valois

En 1565 se celebró las Vistas de Bayona, una reunión entre embajadas de España y Francia donde se quería discutir el futuro de la religión en Francia y aumentar la colaboración entre ambos países unidos por el matrimonio de Isabel de Valois, hija de Catalina de Médici, con Felipe II.

Situación de Francia y las Guerras de Religión

Tras la firma de la paz de Cateau-Cambresis en 1559, se aseguraba un periodo de paz largo y duradero entre España, Francia e Inglaterra. Sin embargo el fallecimiento de Enrique II en la celebración el tratado dejó un periodo largo de inestabilidad que duraría todo el siglo y que abocaría a Francia a ocho guerras de religión.  Le sucedió Francisco II, casado con la reina de Escocia María Estuardo, pero falleció al año y tras él su hermano Carlos IX ascendió al trono con apenas tenía 10 años. Su madre Catalina de Médici ejerció la labor de regente hasta su mayoría de edad en 1565. 

La florentina Catalina de Médici era católica pero siempre trató de nadar entre los hugonotes y los católicos liderados por el duque de Guisa, al que quería apartar del poder por lo que se acercó a consejeros calvinistas. Su tibieza no pudo evitar las continuas guerras que comenzaron en 1562 y terminarían en 1598 con el edicto de Nantes.

En 1565 el futuro religioso de Francia estaba en el aire, con gran influencia de los hugonotes en la corte, que además habían conseguido acuerdos tanto con los reformistas alemanes como con Inglaterra. La única esperanza de los católicos era que Felipe II se implicara en la guerra.

La embajada española en las Vistas de Bayona

Las Vistas de Bayona fueron concertadas a iniciativa de la regente francesa Catalina de Médici, que trataba de demostrar a Felipe II su interés por mantener la religión católica en Francia y expulsar la herejía de sus territorios, y así se lo comunicó al embajador español aunque sus intenciones reales eran otras. Sin embargo a Bayona no acudió el rey Católico sino que en su lugar envío a su esposa Isabel de Valois, hija de la regente para poder usar los lazos familiares entre ambas. Cómo brazo político le acompañó el duque de Alba, a los que se uniría el embajador en Francia, Francés de Álava. El viaje fue largo, pues se inició a primeros de abril y la embajada llegó a Francia a primeros de junio, manteniéndose en Francia todo el mes, partiendo para España el día 30. Cómo símbolo de buena voluntad la propia Catalina fue a buscar a su hija a San Juan de Luz y la acompañó hasta Bayona. 

La traición francesa

Pronto se mostró que la regente tenía oscuras intenciones pues antes incluso de la llegada de los españoles, los franceses se habían reunido con unos embajadores turcos que por aquel entonces eran los principales enemigos de España. Ese mismo año el 1565 se había producido el rechazo del intento de invasión en el Sitio de Malta, lo que pareció un síntoma de declive de Solimán el Magnífico. El mismo el mismo embajador español,  enterado de la reunión con los turcos, pidió explicaciones a la regente quién al verse descubierta y sin respuesta, brotaron lagrimas de sus ojos.

catalina de medici y carlos IX
Catalina de Médici con su hijo el rey Carlos IX

La reunión creó muchas expectativas en todo Europa, Inglaterra, Venecia, el papado y el resto de países estaban pendientes de lo que pudiera surgir, temiendo de una unión católica entre España y Francia, a sabiendas de las necesidades francesas. Sin embargo no fue así, de hecho los embajadores venecianos dijeron que España había perdido en Bayona la oportunidad de aniquilar a Francia en aquel momento, aunque esa nunca fue la intención de Felipe II. Cómo le había confesado al marqués de Mondéjar, nunca buscó nada a cambio de Francia, más que su mantenimiento en la fe católica.

Durante el tiempo que estuvieron en en suelo galo, el duque de Alba mandaba correspondencia diaria a su rey, informándole de todo lo que sucedía en las reuniones. Pero como ya suponía, Catalina no iba a transigir con las peticiones que el rey español le hacía llegar a través de Alba, por lo que aprovechaba cuando Isabel estaba reunida con su madre para poder reunirse con los principales miembros del partido católico, como el duque de Montpensier.

Uno de los puntos que trataron, es más apremiante para la regente, era acercar aún ambas ambas casas mediante una serie de matrimonios, con 4 casamientos entre los hijos de ambos y los del emperador, entre ellos la unión entre el príncipe español Carlos con Margarita de Valois y el futuro Enrique III con Juana de Austria. Ambos eran hijos de Catalina y hermanos de Isabel. Finalmente ninguno se realizó.

La peticiones españolas

La principales ideas que Duque de Alba requirió a Catalina eran apartar del poder al canciller L’Hopital y expulsar de la corte a los consejeros hugonotes y aceptar los cánones del Concilio de Trento que había finalizado poco tiempo antes. Ninguna de estas peticiones fueron aceptadas por la regente. Con respecto a Trento se oponía debido a lo referido a la autonomía de la iglesia galicana y a la prerrogativa real. Su renuncia la hubiera obligado a expulsar de Francia a todos los hugonotes y a muchos de sus actuales consejeros, lo cual era bastante complicado dada su posición en el conflicto de las Guerras de Religión.

duque de alba
Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, el Gran Duque de Alba (Tiziano)

A pesar de los esfuerzos el duque tuvo que admitir que no se podía sacar nada de aquellas reuniones y emprender la vuelta a España. Catalina solo estaba realmente interesada en los temas de los casamientos. El propio Granvela, cuando vio la documentación de las reuniones admitió que lo único que quería Catalina era ocultar sus reuniones con los turcos y que las reuniones con Alba eran estériles.

Antes de partir, el duque le advirtió a la regente, que el rey Felipe II no podía admitir que hubiera herejes en Francia, ya que consintiéndolo, más tarde o más temprano le llegarían a su reino y prefería perder la corona y la vida antes que reinar sobre herejes.

Al final Catalina no contentó a nadie, ni a la embajada española ni a los hugonotes, que estuvieron siempre expectantes de las resoluciones de las reuniones y temían que se tramara algo contra ellos.

Catalina e Isabel

En cuanto a relación entre madre e hija, Catalina e Isabel, la regente le confesó sus sospechas de que Felipe II no se fiaba de ella ni de su hermano Carlos IX, cosa por otra parte cierta y lógica viendo su ambigüedad contra los protestantes, pero que de ninguna manera deseaba que los dos países enfrentarán. La actuación de la reina consorte de España estuvo a la altura de lo que se esperaba de ella, e insistió que su esposo jamás había tenido ningún pensamiento de guerra entre ambos países, culpando a los malos consejeros de la regente. Ante la defensa a ultranza de pareceres de su esposo, su madre la reprochó que “has vuelto, hija mía, muy española”, respondiéndola que solo hacía cumplir con su deber pero que siempre sería su hija. Felipe II se mostró encantado de la entereza de su esposa. 

“Has vuelto, hija mía, muy española”

Catalina de Médici a Isabel de Valois

Para terminar, en aquel 1565, nos encontramos con un Felipe II que había tratado de ser árbitro de Europa y del Nuevo Mundo, tratando siempre de dar una imagen de buen cristiano. Ese año fue probablemente el zenit del monarca en cuanto a su reinado pues logró expulsar a los franceses de la Florida y rechazar los turcos en Malta triunfos en Europa y en América. Poco tiempo después sí que logró ampliar sus territorios como la anexión de Portugal, pero se iba a iniciar la rebelión de Flandes, que sería un lastre enorme para la monarquía hispánica durante casi un siglo.

Bibliografía:
  • “Felipe II y su tiempo” (Manuel Fernández Álvarez) 
  • “Historia de Felipe Segundo” (H. Forneron)

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