“La Gloria” de Tiziano, la última obra que vio Carlos V

En la obra, el Emperador y su esposa rezan ante Dios Padre, la Santísima Trinidad y la Virgen

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La gloria de tiziano

Es La Gloria fue encargada por el emperador Carlos V en 1551 a Tiziano, referente cultural del momento, coincidiendo con su segunda estancia en Augsburgo (actual Alemania), para lo que el pintor contó con instrucciones iconográficas muy precisas.

Tiziano, referente de la escuela veneciana

Tiziano Vecellio (1490-1576) fue un pintor italiano, nacido en el Véneto. Destacado por su pincelada enérgica, decidida y expresiva, fue el miembro más destacado de la escuela veneciana. A diferencia de los encargos realizados para entradas triunfales, relieves y armaduras, Carlos V rechazó para sus retratos pintados el lenguaje alegórico, probablemente debido a su formación humanista, a la austera herencia del retrato borgoñón o a la influencia de Erasmo de Rotterdam. El Emperador evitó que se pintara una imagen que reflejara vicios, ya que eran contrarios a su comedimiento. Carlos trabajó por la difusión de los santos, motivando un entrono artístico en torno a ellos; los santos eran personas modélicas que habían luchado por el cristianismo.

tiziano
Tiziano Vecellio

La obra

  • Título: La Gloria
  • Autor: Tiziano Vecellio
  • Ubicación: Museo del Prado, Madrid
  • Datación: 1551-1554
  • Estilo: manierismo
  • Tamaño: 3,46m x 2,40m
  • Técnica: Óleo sobre lienzo

La Gloria de Tiziano

En la parte superior del lienzo observamos a Dios Padre y la Santísima Trinidad, ambos con posturas y vestimentas similares. La Virgen se encuentra junto a Jesús, cubierta por un manto azul como intercesora de la humanidad, mirando hacia abajo. En el centro, vestida de verde, se encuentra la Iglesia personificada en mujer. En la parte inferior Moisés con las tablas y  San Juan Evangelista con su águila simbólica. En la parte superior derecha reconocemos al monarca junto a su esposa, Isabel de Portugal, rezando ante la Santísima Trinidad y la Virgen, acompañados de otros miembros de la familia imperial y de Tiziano, todos envueltos en sudarios blancos y en actitud suplicante. Como único atributo cuenta con la corona imperial, que se encuentra a sus pies. Representa su propio juicio particular y alude a su humilde condición de mortal, al ejercicio de devoción por parte de su dinastía para lograr la salvación eterna y se devoción trinitaria.

Tiziano ha organizado la obra con un claro óvalo ascendente marcando los escorzos de las figuras del primer plano, donde se aprecia una clara influencia de Miguel Ángel en la marcada anatomía y del manierismo en el movimiento y los escorzos. La luz y el color protagonizan una escena donde las figuras de la parte superior se encuentran envueltas por una neblina que diluye sus contornos, así como los de los querubines que les rodean. El colorido se hace más vibrante y la pincelada más empastada al introducir el rosa, azul eléctrico o el verde amarillento.

Encargo del emperador Carlos V

Carlos V introdujo durante su reinado el lenguaje clasicista importado de Italia, optando por las nuevas formas renacentistas que le ayudaron a perfilar su imagen visible al exterior y simbólica. Contó con artistas formados en Italia como Bartolomé Ordoñez (1480-1520) y Pedro Machuca (1490-1550), que plasmaban las proporciones clasicistas en detrimento de otros anclados en formas de expresividad emocional como Alonso Berruguete (1490-1561) con excesivo dramatismo, lo cual no se ajustaba a las nuevas exigencias.

El Emperador comprendió el relevante papel que jugaban las fiestas, ceremonias, entradas y torneos para su imagen imperial. La combinación de imágenes religiosas incluyendo elementos heráldicos, emblemas, fábulas mitológicas, vestimentas y alegorías simbólicas constataban la programación de su imagen triunfal de Emperador como un nuevo Hércules, entre héroe militar y caballero cristiano.

El último cuadro que vio el Emperador

Esta obra fue el último encargo de Carlos V, que la llevaría con él a su retiro al Monasterio de Yuste, donde finalizaría sus días, no sin antes pedir verlo por última vez. Contamos con un lienzo de gran carga simbólica, para lo que quiso contar con uno de los mejores pintores de le época; el gran Tiziano.

Tras su fallecimiento fue devuelta al Monasterio de El Escorial hasta el siglo XIX que se cedió al Museo Nacional del Prado de Madrid, donde se encuentra en la actualidad.

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