Aljubarrota, la batalla de la independencia portuguesa

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La batalla de aljubarrota

Portugal consiguió en Aljubarrota mantener su independencia como reino peninsular y fue el paso hacia los años más brillantes de su historia.

Esta batalla enfrentó a Castilla y Portugal por el trono de éste último tras la muerte del rey Fernando I. Portugal era un país con enormes problemas económicos y con una fuerte división interna por el problema sucesorio. Las injerencias de Castilla provocaron una gran crisis que se cerró con la decisiva victoria portuguesa. Esta batalla aseguró su independencia y la entrada de una nueva dinastía.

En 1383 fallecía el monarca luso Fernando I sin hijos varones (el príncipe Alfonso había fallecido en 1382) y el trono debía recaer sobre los hijos de su hija Beatriz, casada ese mismo año con el rey castellano Juan I. Mientras el hijo (que nunca llegaría) fuera menor de edad, la regencia sería ejercida por la reina viuda, Leonor Téllez de Meneses.

Sin embargo, muchos portugueses desconfiaban de la regencia y de su preferencia castellana. Así que aparecieron pretendientes al trono luso: los hijos de Pedro I de su segundo matrimonio con Inés de Castro, los infantes Juan y Dionis, el maestre de Avis Juan, hijo ilegítimo del propio Pedro I e incluso el castellano Alfonso de Lorena al estar casado con Isabel de Portugal, hija de Pedro I.

Desde 1383 hasta la batalla en 1385 se dio muestra a la enorme división del reino. El maestre de Avis, futuro Juan I, encumbrado por el pueblo como “defensor del pueblo” se tornó como el protector de la patria contra el invasor castellano.

nuno alvarez pereira
Nuno Álvarez Pereira

En mayo de 1384, el rey castellano decide poner fin a la contienda por las armas y decide cercar Lisboa. Sin embargo, la ciudad lusa resistió, como lo hicieron las principales plazas como Coimbra, donde destacó Nuno Álvarez Pereira, que sería decisivo en la jornada de Aljubarrota. La peste y las derrotas castellanas no hicieron desistir al monarca castellano. Las consecuencias se vieron el 6 de abril de 1385, donde las Cortes de Coimbra nombraron al maestre de Avis como Juan I de Portugal. El Consejo de Castilla estaba dividido sobre cómo mantener las operaciones en Portugal, sin embargo, el monarca estaba decidido a conseguir el trono que consideraba le correspondía. Pese a que la situación económica de Castilla no era muy boyante, su potencia militar era muy superior a la portuguesa.

El conflicto político no se redujo a la península. Portugal se alió con la Inglaterra de Ricardo I, una alianza que resultaría decisiva en la batalla. También se comprometió a apoyar a Juan de Gante, duque de Lancaster, que aspiraba al trono de Castilla por su matrimonio con Constanza, hija del destronado Pedro I, el Cruel. De igual forma Portugal se decantó por el Papa de Roma, Urbano VI, en pleno cisma donde Castilla se decantó por el Papa de Avignon. Juan I logró alianzas con Francia y Aragón, aunque no serían tan determinantes como la portuguesa.

la batalla de Aljubarrota
Juan I de Avis, el primero de su dinastía.

Un gran ejército castellano se dirigía a Lisboa, mientras que la flota trataba de bloquearla desde el mar. Las operaciones fueron mal desde el principio. Partiendo de Ciudad Rodrigo, entraron en Portugal por Guarda y en mayo de 1385 sufrieron la primera derrota en Trancoso. Las tropas continuaron pasando por Coímbra sin detenerse ni atacarla. Tomaron camino hacia el sur, pasando por Leiría. Cerca de esta localidad aguardaban las tropas portuguesas al mando de Nuno Álvarez Pereira, nombrado condestable del reino. Entre las localidades de Alcobaça y Vilanova de Ourem, en una colina cerca de Aljubarrota, se celebró la crucial batalla el 14 de agosto de 1385.

Las tropas castellanas, aunque superiores estaban diezmados por la marcha y por el calor de agosto. Los portugueses habían preparado el lugar para favorecer a sus huestes. Un lugar muy estrecho y con numerosas trincheras, donde un ejército grande no podía sacar ventaja. Además de la posición, nada indicada para atacar, los castellanos iniciaron un ataque prematuro y poco aconsejable, donde el rey ignoró cualquier consejo. Los arqueros ingleses fueron decisivos y masacraron a los caballeros castellanos antes de poder siquiera entrar en contacto con los portugueses. La derrota castellana fue demoledora.

El rey castellano, enfermo, tuvo que volver a Sevilla. Además de las pérdidas humanas y la posible invasión de Juan de Gante (Juan de Gante estaba casado Constanza, hija de Pedro I y por tanto heredera al trono), Castilla perdía todas las plazas en el norte de Portugal, entre ellas Guimarães y Santarem.

Para Portugal la victoria no hizo olvidar la dramática crisis económica del país. Sin embargo, puso fin a la guerra civil y dio estabilidad política con la entrada de una nueva dinastía, Avis, que escribiría la etapa más brillante del país.

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