Patton y los bastardos

Aunque parezca mentira, existe una relación entre el general norteamericano George S. Patton y los bastardos. Nos referimos al famoso discurso que dio el excéntrico general aliado a sus hombres del 3er Regimiento, justo en el día previo a la invasión aliada en Normandía, un momento clave en la Segunda Guerra Mundial, universalmente conocido como “el día D”.

Este fue el discurso completo:

Sentaos.

Quiero que recordéis que ningún bastardo ganó jamás una guerra muriendo por su patria. La ganó haciendo que otros pobres estúpidos bastardos murieran por ella.

Muchachos, todas esas historias de que Estados Unidos no quiere luchar, que pretende estar al margen de la guerra, son un montón de estiércol. A los estadounidenses por tradición les entusiasma luchar, todo verdadero estadounidense ama el acicate de la pelea. Cuando erais niños todos admirabais a los campeones: al corredor mas veloz, a los ases del fútbol, a los boxeadores mas duros. Los estadounidenses aman al ganador y no pueden soportar al que pierde. Todo estadounidense juega siempre para ganar, yo no apostaría el pellejo por un hombre que estando perdiendo, se riera. Por eso los estadounidenses nunca hemos perdido ni perderemos una guerra, porque la sola idea de perder nos resulta odiosa.

Ahora nuestro ejercito es un equipo, vive come, duerme y lucha como un equipo. Todo eso de la individualidad es solo basura. Los que escribieron esa majadería sobre el individualismo para el Saturday Evening Post no conocen de una verdadera batalla más de lo que saben de fornicación. Ahora tenemos la mejor comida y equipo, el mejor espíritu y los mejores hombres del mundo.

Todos sabéis, y es la verdad, que compadezco a esos pobres contra los que vamos a luchar, por Dios que así es, ya que no sólo vamos a disparar contra ellos, ¡nuestra intención es arrancarles las entrañas y usarlas después para engrasar las ruedas de nuestros tanques, vamos a matar a esos miserables teutones por millares!

Bien, algunos de vosotros estáis dudando de si tendréis miedo bajo el fuego, eso no debe preocuparos, estoy convencido de que todos cumpliréis con vuestro deber, los nazis son el enemigo, ¡cargad contra ellos, derramad su sangre, disparadles en el vientre! Cuando pongáis vuestra mano sobre una masa informe que momentos antes era el rostro de vuestro mejor amigo… ya no dudaréis.

Deseo recordaros otra cosa, no quiero recibir ningún mensaje que diga: “estamos aguantando nuestra posición” ¡No aguantamos nada!, ¡que aguante el enemigo! Nosotros avanzamos constantemente y no tenemos ningún interés en aguantar nada excepto al enemigo, vamos a agarrarle por la nariz y a darle un puntapié en el trasero, ¡a patadas enviaremos a esos teutones al infierno acabando así con ellos en un santiamén!

Bueno, sin duda habrá algo que podréis contar cuando volváis a vuestras casas, y dar gracias a Dios por ello, y si dentro de treinta años sentados junto al hogar y con vuestro nieto sobre las rodillas, él os pregunta qué es lo que hicisteis en la Segunda Guerra Mundial, no tendréis que contestarle: “pues… acarreé estiercol en Louisiana”.

Bien, ahora, hijos de perra, ya sabéis cómo pienso. Ehh… estaré muy orgulloso de dirigiros en esta lucha muchachos, siempre y en todo lugar.

Esto es todo.

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