París bien vale una misa…

Muchos habremos podido oír la frase “París bien vale una misa”, en referencia a la necesidad de ser más pragmáticos en ocasiones, pero muy pocos deben de conocer su significado real, que fue el resultado de un total de ocho guerras y del derramamiento de mucha sangre.

Ya de por si el Reino de Francia no tenía una fama excepcionalmente buena entre los estados católicos europeos, debido a que durante el reinado del rey Francisco I (1515-1547) este se alió en muchas ocasiones con el Imperio Otomano para combatir a España, pero a efectos reales no fue sino una muestra de pragmatismo político que, dentro de sus guerras, no hizo sino beneficiarles.

Pero sería con su nieto Carlos IX cuando verdaderamente el tema religioso entrase de lleno dentro del seno francés. Durante su reinado los protestantes fueron adquiriendo poco a poco un gran poder hasta llegar a convertir a una parte importante del pueblo francés y de su nobleza, hasta que Carlos IX,convencido por su madre Catalina de Medici, autorizó el inicio de la Matanza de San Bartolomé el 23 de agosto de 1572 en París, acabando con la vida de los principales líderes protestantes y de un total de siete mil parisinos, extendiéndose la masacre a localidades cercanas. Dando este hecho y la Batalla de Dreux inicio a la primera de las ocho guerras de religión que azotarían el país durante los siguientes veintiséis años en la que en este caso vencerían los católicos.

Catalina de Medici

Catalina de Médici vestida de negro (pintura de Edouard Debat-Ponsan)

A la muerte del rey Carlos IX debido a su frágil salud en 1574 se nombro como nuevo rey a su hermano, y rey polaco desde hacía un año, Enrique III, bajo el cual siguieron sucediéndose las diferentes guerras religiosas que azotaban al país, en 1584 murió su hermano y heredero al trono, Francisco de Anjou, y al carecer de descendencia masculina debido a la Ley Sálica se vio obligado a nombrar como heredero a su primo y Rey de Navarra (la alta Navarra francesa) Enrique, más tarde conocido como Enrique IV, sólo había un problema, que era protestante.

Este hecho molestó mucho a la mayoría católica del pueblo francés y mucho más a la Santa Liga Católica francesa, de la que era líder el poderoso Duque Enrique de Guisa que no tenía intención de dejar en el trono francés a un protestante, el rey, para contrarrestar su poder, le prohibió acceder a París, cosa que desobedeció entrando en el lugar e instigando a la población a alzarse en armas debido a la entrada a la ciudad de regimientos suizos, dándose entonces el Día de las Barricadas en 1588, en el que el pueblo francés se alzó contra su autoridad, obligando el Duque a firmar un beneficioso acuerdo para este mismo. Todas estas intrigas hicieron que el Duque de Guisa fuese asesinado por orden del rey, a lo que poco más tarde el propio rey fue asesinado como venganza.

Entonces vino la que sería la guerra de religión más grande de toda Francia, la Octava Guerra o de los Tres Enriques que duró hasta 1598, en la que el recién coronado Enrique IV luchó con el apoyo inglés contra la Liga Católica con el apoyo español, puesto que estos no aceptaban que hubiese un hugonote en el trono, situándose los católicos al norte y los protestantes al sur.

Esta guerra acabaría con la paz de Vervins en la que España reconocía al nuevo rey aparte de ciertos cambios territoriales y Enrique se convertía al catolicismo, al que se le atribuye una frase al entrar triunfante en París que reza:

“París bien vale una misa”

Enrique IV, Rey de Francia.

Muestra de su pragmatismo al renunciar a una religión por otra con el objetivo de tener el poder real.

Entonces y con el Edicto de Nantes reinó en Francia una relativa tolerancia religiosa con los protestantes, pero no duró demasiado, puesto que en esta tolerancia se revocó en 1685 con el Edicto de Fontainebleu de Luis XIV, por el que más de doscientos mil protestantes tuvieron que exiliarse.

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