Origen de una noche toledada

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¿Quién no ha pasado alguna noche en blanco y sin pegar ojo?

Ya sea porque tus vecinos han decidido hacer una fiesta y no invitarte o bien tienes un bebe que quiere pasarla en vela contigo, cualquiera que fuera el motivo pero al día siguiente tienes una marcas debajo de los ojos que indica que has pasado una “noche toledana”.

El origen, como la mayoría de los dichos populares, provienen de leyendas antiguas donde la realidad o la ficción se vuelven algo difusas.

Nos remontamos a los primeros tiempos de la ocupación islamista de la península ibérica, Al-Andalus, en los comienzos del siglo IX (quizá sobre el año 812) en los tiempos del emir de Córdoba Al-Hakam I (o Alhakén I).

La ciudad de Toledo era gobernada por Jusuf, que al parecer ejercía su poder de manera despiadada, estando la población sometida a sus caprichos. Los nobles toledanos, hartos del cruel caudillo, decidieron tomarse la justicia por su cuenta y mataron a Jusuf.

Cuando el emir cordobés se enteró de lo sucedido y de los desmanes de Jusuf, decidió enviar como sustituto al padre de este, Amra, para supuestamente restablecer el honor de su familia lejos de la tiranía de su predecesor.

Sin embargo la idea que trasmitió al emir estaba lejos de los que pensaba hacer en realidad. Una noche decidió invitar a todos los nobles y distinguidos personajes de Toledo a una gran fiesta en su residencia. Su intención era tomar venganza de la muerte de su hijo y según iban llegando los incautos aristócratas, los soldados iban decapitándolos y depositando sus cabezas en un foso. Y bien pudieron ser cientos los que aquella noche perdieron la cabeza y terminaron con ella en el famoso foso que debía mostrar una imagen funesta con cientos de cabezas. Esta es la razón que aquella noche también se la conozca como la “jornada del foso de Toledo”.

¡Hijo mío, ya puedes descansaren paz. Ya estás vengado!

(Amra)

A la mañana siguiente, las cabezas incorpóreas colgaban del palacio del gobernador para escarnio de los toledanos. Por esta escalofriante razón es por lo que se conoce como tener una “noche toledana”.

Artículo inspirado por Irene García… ¡Gracias!

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