La defensa de los siete condes

A mitad entre la leyenda y lo real, se cuenta de la infructuosa hazaña que realizaron siete nobles leoneses tras la debacle cristiana en el campo de batalla de Uclés, en 1108.

Fin del Califato y las Taifas

El fin del califato en 1031 trajo a la península los primeros reinos Taifas, que eran pequeños e independientes reinos que dieron alas a los cristianos en su reconquista. Tras la toma de Toledo en 1085 por el reino de León de Alfonso VI, unos atemorizados árabes encabezados por la taifa de Sevilla recurrieron a los Almorávides, emirato que dominaba una extensa zona del Magreb. Fue una mala noticia para los reinos cristianos: Sagrajas (1086) y Consuegra (1097) fueron dolorosas derrotas para el reino leonés. Toledo estaba amenazado y las tropas almorávides del emir Yusuf ibn Tasufin eran superiores en el campo de batalla.

Batalla de Uclés, nueva derrota cristiana

El 29 de mayo de 1108 ambos bandos volvían a enfrentarse, ahora era el hijo de Yusuf, Alí ibn Yusuf, quien reinaba en mandaba a las tropas marroquíes. En Uclés, Cuenca, se desarrolló la batalla que no contaba con la presencia del rey leonés, Alfonso VI, por estar herido tras la batalla de Salatrices. En su lugar decidió mandar a su primogénito y único hijo varón, heredero al trono, el infante Sancho Alfonsez. No se sabe con certeza la edad que tenía  el infante pero se estima que podría rondar entre los 11 y los 14 años, siendo esta última la más probable. La batalla, como era habitual en los ejércitos cristianos, comenzó con la carga de caballería pesada de las tropas leonesas. Sin embargo pronto los flancos musulmanes pronto tomaron ventaja y rodearon a los cristianos con una táctica envolvente, poniéndoles en desbandada.

La muerte del infante

En la huida, los esfuerzos se centraron en proteger al infante, pero fue herido su caballo y probablemente él también. Esto, unido a que las monturas musulmanas eran más ligeras que la pesada caballería cristiana, hicieron imposible la huida y fueron alcanzados en un lugar que pasaría a llamarse Sicuendes (abreviatura de siete condes). El infante cayó al suelo y siete condes que le acompañaban trataron de protegerle, sin embargo fue imposible pues estaban rodeados y fueron cazados uno a uno. García Ordoñez, conde de Nájera y ayo del infante, protegió con su cuerpo al heredero pero cayó y con este el infante. El reino de León perdía su heredero. Los restos del ejército con Alvar Fañez a la cabeza lograron llegar a Toledo donde sólo pudieron dar la mala noticia al rey.

“¡Padre, padre! ¡Mi caballo está herido!”  

El infante Sancho Alfonsez a su ayo García Ordoñez, justo antes de caer del caballo.

Esta es la historia más romántica pero hay quien afirma que en la huida llegaron a Belinchón. Entonces a sabiendas que los Almorávides estaban llegando, los musulmanes de la ciudad se sublevaron contra la guarnición cristiana, matando a todos, entre ellos al infante.

Consecuencias de la muerte del hijo del rey

El reino quedó sin heredero varón, por lo que el trono recayó en Urraca. Se casó con Alfonso el batallador, rey de Aragón, pero fue un enlace con tantas tensiones que en lugar de unir sus objetivos contra el avance musulmán, la reconquista se detuvo durante muchos años. Además la debilidad del reinado de Urraca I, terminaría desembocando en la independencia de Portugal.

Alfonso VI informado de la muerte de su hijo

El rey Alfonso VI es informado de la muerte de su hijo.

 

 

 

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