La batalla de las Colinas de San Juan

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Esta batalla se produjo en las Colinas de San Juan, a pocos kilómetros de Santiago de Cuba, el día 1 de Julio de 1898 dentro de la Guerra Hispano-Estadounidense, siendo la batalla más sangrienta de toda la guerra con 10 horas de duración y más de 2.500 bajas entre ambos bandos.

arsenio linares y pombo

General Arsenio Linares y Pombo

Santiago de Cuba estaba sufriendo un bloqueo marítimo desde el 29 de mayo. La escuadra naval de Cervera estaba encerrada en la ciudad, junto con una reserva de 10.000 hombres a las órdenes del General Arsenio Linares, que defendían la ciudad gracias a una cadena de fuertes que rodeaban la urbe.

Al bloqueo naval se unieron los intentos de sitiar la ciudad por tierra de las fuerzas Mambisíes (rebeldes cubanos) y de parte de las estadounidenses comandadas por el general William Shafter que desembarcaron en Siboney y Daiquiri el 22 de junio. Fuerzas que ya tuvieron las primeras escaramuzas con los españoles en Guáisimas y que, con un contingente de más de 18.000 soldados regulares y 5.000 Mambisíes, se apresuraron a atacar lo que ellos creían piezas clave de las defensas de Santiago de Cuba (cabe remarcar que eran meros puestos avanzados).

Su objetivo era la posición fortificada de las Colinas de San Juan donde estaban acantonados 1.072 hombres dirigidos por el General Arsenio Linares junto con 2 unidades de artillería Krupp de 75 mm. Para ello dispusieron 11.000 regulares estadounidenses, 4.000 mambisies, 12 piezas de artillería y 4 ametralladoras Gatling del general Shafter. Mientras, a la vez que se combatiría en estas colinas, las tropas estadounidenses tratarían de tomar la posición del pueblo de El Caney para así despejar su flanco e ir en ayuda de Shafter. Allí unos 500 soldados españoles junto con 50 milicianos acantonados en el fuerte El Viso, dirigidos por el General Vara del Rey, se enfrentarían a 6.899 soldados estadounidenses y 500 Mambisíes con el General Henry W. Lawton al mando.

Los yankees conocían perfectamente que la pervivencia de la posición en las colinas de San Juan dependía en gran medida de la llegada de refuerzos estadounidenses a tiempo después de tomar El Caney. Razón por la cual, ya bien comenzada la mañana del día 1 de Julio, los 500 soldados del Veterano Vara del Rey, pese a no tener ni artillería ni los refuerzos prometidos, resistieron la ofensiva del contingente estadounidense en las posiciones fortificadas de trincheras y blocaos junto al fortín de El Viso durante más de 12 horas. Incluso después de perder dicho fortín, ya en ruinas, se atrincheraron en el pueblo con un Vara del Rey impasible hasta su fin, impidieron cualquier ayuda al ataque de Shafter. Murieron Vara de Rey y 200 soldados más en la batalla a cambio de más de 1.100 muertos enemigos.

El mismo día a las 8 de la mañana se producía en las Colinas de San Juan el ataque estadounidense. El enclave de las colinas daba una posición muy ventajosa a los defensores: el río San Juan les servía de protección junto con un terreno abrupto y las fortificaciones construidas en todo el lugar por los españoles. Estas fortificaciones, a pesar de obstaculizar los disparos al enemigo, les ofrecían protección contra el ataque a pesar de contar con muy poca artillería y munición.

De la parte estadounidense cabe resaltar que sus tropas estaban pobremente entrenadas y carecían de las lecciones básicas para enfrentarse en condiciones contra las tropas españolas de mayor veteranía, aunque superándoles diez veces en número y siendo dirigidas por generales muy capacitados. Estaban armados con rifles Springfield y Krag-Jorgensen, ambos modelos de escasa precisión y que dejaban humo al disparar facilitando la detección de sus posiciones. Contra los Máuser 1893 españoles (se les llamaba así por ser los reglamentarios del ejército español) con mayor precisión y pólvora sin humo lo que les daba ventaja.

Rifle Springfield 1873 eeuu

Rifle norteamericano modelo Springfield 1873

Desde el principio las fuerzas españolas consiguieron repeler con éxito notorio a las innumerables tropas estadounidenses, consiguiendo con su escasa artillería desarticular parte de la enemiga. Pero su falta de contingente hacía que cada herido o cada baja no pudiese ser sustituida, al contrario que el caso enemigo. A las 13 horas hicieron aparición las dotaciones de artillería del enemigo que, hasta el final de la contienda, serían devastadoras para las tropas de Linares el cual aguardaba en su puesto de mando a 700 metros de la batalla.

Las tropas españolas conseguían contrarrestar a las estadounidenses una y otra vez llegando incluso a hacer huir a algunas de sus unidades. Debido a la falta de efectivos se tuvo que suplir las bajas con los heridos que, aun en su estado, combatieron junto con los demás hombres reforzando su moral gracias a su valentía y su destreza. Para no perder posiciones tuvieron que hacer valer incluso cargas a bayoneta contra enemigos diez veces superiores venciéndoles en ocasiones. Estas acciones garantizaron durante bastante tiempo la salvaguarda de los enclaves defensivos españoles. Consiguieron resistir de forma numantina para asombro de los estadounidenses y del propio Theodore Roosevelt, teniente-coronel de los afamados Rough Riders y el único que poseía caballo de su compañía debido a la nula logística estadounidense. En reiteradas ocasiones escribiría a los políticos de su nación pidiendo refuerzos debido a la férrea resistencia enemiga.

Poco a poco, cobrándose cada palmo de terreno con la sangre enemiga, las posiciones fueron cayendo y se pudieron rescatar en el último momento las dos piezas de artillería por parte de guerrilleros montados que dieron su vida por ello. Gracias a la tenaz defensa de Vara del Rey en El Caney las tropas españolas tuvieron el tiempo suficiente para retirarse hacia Santiago de Cuba evitando a su vez una derrota mayor.

Batalla de la Colina de San Juan

Defensa de las posiciones españolas en el fuerte

Finalmente, habiendo sobrepasado las líneas españolas, sería el propio General Linares quien resultaría herido mientras defendía con éxito la posición de Canosa tras las propias colinas, junto con los restos de la guarnición de San Juan y varios regimientos de la ciudad.

La sorpresa y desolación estadounidense llegó en el momento en el que se dieron cuenta de su error, habían tomado lo que en esos momentos era un cementerio en el que sufrieron cuantiosas bajas, a su vez las colinas no eran más que un puesto avanzado de las férreas defensas de Santiago.

Las bajas de la batalla

Las bajas del conflicto en las Colinas de San Juan fueron 600 muertos, 170 heridos y 40 prisioneros españoles contra los 2.000 muertos y 1.100 heridos estadounidenses en la batalla más sangrienta de toda la Guerra de Hispano-Estadounidense.

No sería hasta las desastrosas órdenes del Capitán General Ramón Blanco, que hizo salir a la armada de Cervera, cuando se rindiese Santiago. No por culpa de sus soldados sino de los generales se perdería la ciudad.

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