El emperador filósofo

Nos referimos a él como el rey filósofo o como dice Carlos García Gual, el “filósofo con actuación política”. Nos referimos a Marco Aurelio.

Marco Aurelio es considerado como un gran gobernante y el último de los emperadores de la Edad del Oro del Imperio Romano, los llamados emperadores buenos. Nacido en Roma en el 121, gobernó durante veinte años y encontró su final en el año 180.

La gran obra de Marco Aurelio fue Meditaciones, que escribió en sus últimos años y donde reflexiona sobre la ética como modelo de virtud en doce libros breves. Sus escritos no son una biografía ya que carece de fechas o apenas aparecen hitos concretos. Comienza rememorando lo que aprendió de los personajes que marcaron su vida en una serie de 17 puntos para completar el primer libro. Aquí destaca el buen carácter que adquirió de su abuelo Vero, el respeto a los dioses que le enseñó su madre o la referencia  a su amigo Severo, al que llama “su hermano”, y al que agradece el amor a la familia, a la verdad y a la justicia.

“El arte de vivir se acerca más al de la lucha que al de la danza”

Marco Aurelio

Meditaciones, que su título original podría ser “a sí mismo” o “acerca de sí mismo”,  tiene un estilo algo gris y monótono, con una filosofía nada complicada y por supuesto lejos de la pluma de personajes como Séneca o Epicteto. Sin embargo intenta mostrar una ética que le permita dar sentido a la vida, casi como un fármaco que le permita vivir con dignidad. Demuestra ser un hombre de fe, magnánimo y austero, como dijo Herodiano, el único de los emperadores que no sólo escribió sobre su magnificencia, sino que lo demostró con su comportamiento a lo largo de los años.

La muerte aparece a menudo en sus reflexiones, no sólo las vividas en las guerras, sino también en su ambiente familiar. Vio morir ir a numerosos familiares y amigos, desde su padre a edad temprana, su valedor Antonino, su esposa Faustina y más de la mitad de sus hijos. Sólo un hijo varón le sobrevivió y sería fatal para el Imperio. Su nombre Cómodo.

meditaciones marco aurelioCuriosamente, un emperador que demostró benevolencia y humanidad a lo largo de su vida, no la plasmó en referencia a los cristianos, a los que consideraba fanáticos y enemigos del estado. No le tembló la mano para perseguirlos.

Una anécdota que da idea de la calidad humana de Marco sucedió en su juventud. Su biógrafo nos cuenta en la Historia Augusta, que la muerte de su preceptor (educador) le causó una enorme tristeza. Ante este comenzó a llorar amargamente delante de muchas personas. Estos le recriminaron su comportamiento y Antonino les reprendió diciendo que le “dejaran ser humano” y que “ni la filosofía ni el trono son fronteras para el afecto”.

El Marco Aurelio filósofo se mostró durante todo su vida. Viajó en varias ocasiones a Atenas, y en una de ellas, cuatro años antes de su muerte, fundó cuatro cátedras de filosofía, una por cada una de las grandes escuelas: aristotélica, platónica, estoica y epicúrea.

La vida de Marco Aurelio estuvo plagada de guerras que no le dejaron descansar hasta sus últimos días. Una trágica ironía para un personaje que había recibido una refinada educación intelectual, muy superior a la recibida en temas militares. Los partos en oriente o los pueblos bárbaros en los limes del Danubio y enfrentamientos a marcomanos, sármatas, cuados o yáziges. Su final le llegó en uno de los incontables periodos que tuvo que pasar en los limes danubianos. Allí, en un campamento militar moría el último gran emperador. Tenía casi sesenta años.

Bibliografía:

“Meditaciones”, Marco Aurelio, Gredos, 2009, Madrid. (Introducción de Carlos García Gual)

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