El día que los mongoles derrotaron a los templarios

¿Os imagináis cómo sería el resultado de enfrentar a los grandes ejércitos de la historia?

Espartanos, romanos, macedonios, los tercios o los ejércitos napoleónicos, fueron dominadores en sus respectivas épocas, pero ¿Quién sería el vencedor si se enfrentaran?

En 1241 se libró una batalla de este estilo, donde se pudieron enfrentar el gran imperio que dominaba Asia, el Mongol, frente a un ejército cristiano compuesto, entre otros por caballeros Templarios, Hospitalarios y Teutónicos. En aquel año los Mongoles se habían decidido a invadir el este de Europa con dos grandes contingentes. Uno principal invadiría Hungría y otro haría lo propio con Polonia. Este segundo, al mando de Kada y Baidar, disponía de unos 20.000 soldados y lograron una serie de victorias a principios de 1241, hasta llegar a incendiar su capital, Cracovia. El duque Enrique II, el piadoso,  opuso resistencia y logró reunir un ejército para enfrentarse a la horda mongola. Pese a ser en número superior a los asiáticos, la mayoría de sus soldados no eran más que campesinos. Sin embargo contaban con una porción de caballeros de las órdenes religiosas. Templarios, Hospitalarios y Teutónicos se habían unido al ejército cristiano, aunque el numero, al parecer era muy reducido. Existía otro ejército cristiano más númeroso, de unos 50.000 soldados, a cuyo frente se situaba el Rey Wenceslao de Bohemia. Sin embargo ambos contingentes distaban los suficiente para que los príncipes mongoles aprovecharan a atacar al grupo de Enrique II antes de que se unieran (una táctica que usaría Napoleón años mas tarde).

“Se enviaron sacas llenas de orejas a Batu Kan como prueba de la victoria”

En Liegnitz, el 9 de abril, se produjo el enfrentamiento. Los mongoles jugaron al despiste haciendo ver que se retiraban y los cristianos picaron en anzuelo. Los caballeros cargaron y el ejército quedó dividido, por lo que las flechas mongolas y su caballería aniquilaron a sus enemigos por completo. Ni siquiera el duque pudo escapar, cuya cabeza terminó en una pica de la ciudad de Liegnitz. El desastre para las huestes cristianas fue total. Los mongoles, como era tradición, enviaron 9 sacos de orejas a su kan, Batu Kan, como demostración de la enorme victoria.

En este caso los mongoles se impusieron con claridad, aunque bien es cierto que los caballeros de la órdenes formaban un contingente muy pequeño dentro del total del ejército cristiano

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