El singular ‘carpe diem’ egipcio

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Cuenta Heródoto que los egipcios ricos, cuando terminaban de comer, uno de ellos (se supone el anfitrión) hacía circular por la estancia, en un pequeño baúl, una momia de madera, ricamente adornado, como un sarcófago de verdad (de unos 90 centímetros). Los comensales se lo iban pasando entre ellos, y se decía: “Míralo y luego bebe y diviértete, pues cuando mueras serás como él”.

Una canción popular egipcia (Canción del Arpista) de la XI dinastía (sobre el año 2125 a.C) se puede relacionar con el momento anteriormente descrito: “Los lamentos no libran del otro mundo al corazón del hombre (…) Festeja y no te afanes. Ten presente que no le es dado al hombre llevarse lo suyo. Ten presente que ninguno de los que se van regresa”.

Mucho antes que apareciera la famosa undécima oda de Horacio (siglo I a. C), donde reflejara el mundialmente conocido Carpe Diem, los potentados egipcios, ya lo predicaban al en sus banquetes. Los egipcios, como diría el poeta romano, no se fiaban del mañana.

Míra una momia y luego bebe y diviértete, pues cuando mueras serás como él

carpe diem egipcio

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